Desde la secundaria he estado en escuelas religiosas, ¿por qué? no sé, por ninguna razón en especial.
Y a pesar de estar en escuelas católicas y que en la secundaria me hicieran rezar en angelus diario a las 12 del día, tuviera una materia llamada "formación" donde teníamos que aprender sobre la biblia y esas cosas, no soy católica.
Ni siquiera sé qué soy ni en qué creo.. exacto, ¿en qué creer? ¿por qué creer en algo? ¿quién inventó todo esto?
Probablemente las religiones sean un invento de alguien muy inteligente que vio la manera de controlar a las masas y ganar dinero de una manera muy simple, escribió un libro que ahora es Best Seller, y creó normas sociales, morales o lo que sea, y nos hizo creer que portándonos bien llegaríamos a la gracia eterna y si no, nos pudriríamos en el infierno junto a Kurt Cobain y Aristóteles..carajo quiero irme al infierno.
O tal vez las religiones son la copia de la copia de la copia de otra religión que tal vez o tal vez no fue verdadera, o tal vez sí existió pero fue eliminada por los aliens y ellos mismos crearon la chantajista biblia, o tal vez los aliens son Dios, o tal vez son los zombies, no sé. (Todo lo dicho anteriormente fue sin intenciones de ofender etcétera, etcétera; o tal vez sí).
Definitivamente esto de las religiones es un tema muy complejo, la gente se pone muy a la defensiva con estos temas, parece como si los estuvieras amenazando de muerte cuando difieres a su opinión religiosa; sólo son puntos de vista, si al otro no le parece, sinceramente no es tu problema.
Existen tantas religiones y sectas diferentes que no se sabe si es que hay alguna verdadera, pero ¿por qué habría de haberla?, supongo que mientras sea algo que te interese y en lo que creas, no importa mucho si existe o no.
Then again, hay religiones que se me hacen una estupidez (es sólo mi opinión) y sí se aprovechan de la fe ciega de la gente.
Hace unos días vi un documental muy interesante que toca el tema de las religiones, se llama Zeitgeist y lo recomiendo, ja. Sólo por eso de abrir los ojos y aclarar dudas...
Compilado
Es posible q haya hecho trampa.
Pero nadie lo sabe. ¿ok?
La majestuosa esfinge que me visitó alguna vez en mis sueños será la custodia de nuestro pequeño pedacito de existencia.
Ella llegó hace mucho, yo no tenía entonces conciencia.
Esfinge, ¿dónde estás? ¿Cuándo volverás a hablarme?
Me ofreciste tu amistad antes de desaparecer tras el telón de ese teatro, era un sueño del que no podía despertar.
El laberinto de butacas y fragmentos de techo me obstruían el paso a la salida. La tierra temblaba furiosa y tú sólo reías, amiga esfinge.
¿Que hacías tú en lugar de la pantalla?
Corrí por muchos pasillos oscuros, con cortinas rojas a medio romper.
Afuera todo era un dibujo. Una guerra, tanques acorazados lanzando cañonazos hacia edificios a medio colorear.
-----
No recuerdo cómo lo supe, pero lo supe. Te vi de lejos.
Mis manos tocaron la madera del establecimiento y me asomé por la ventana.
Dentro se encontraban personas adormiladas a causa de una suave música y el sonido de la vajilla chocando contra las piezas de metal, charlando supongo, aunque la imagen estaba congelada.
Manos con las copas llenas, brindando; sonrisas fingidas, coquetas, bobas, espeluznantes, sarcásticas, a la moda, y anticuadas. Coctail de dientes, encías, labios y lenguas.
"Spliiiiit, blop, blop, blop, glup!"Líquidos chocando en las paredes de cristal yla medialuz.
¿Y tú?
Nada, fuera de mi alcance, pero no iba a rendirme; repito: yo supe que te encontraría allí. Te sentía demasiado cerca para dar media vuelta y marcharme.
Despegué primero un ojo y luego el otro y alejé la nariz del vaho que se había quedado pegosteado en el vidrio de la ventana, di la vuelta en la esquina y me paré frente a otra ventana, una que tenía cortinas blancas.
Me puse de rodillas, no me importó sentir la nieve cortando la piel o arrancando quejidos a un conjunto de huesos quisquillosos que hacía unos cuantos años acababan de ser puestos en fila por la fuerza.
Recé para que no vieras el par de ojos vidriosos que escudriñaban el techo, las paredes, las mesas y quemaba con la mirada los cuadros surrealistas que reposaban en alto, tras los clientes. Te busqué con frenesí y te encontré bajo un árbol amarillo.
No me viste, tenías la cabeza gacha, los dedos entrecruzados con las palmas hacia arriba y los antebrazos sobre las rodillas. Arqueabas las cejas pero no quise mirar si estabas con alguien.
Corrí hacia la sección de la madera fuera del local donde reposabas tu espalda, apoyé en la superficie áspera mi cabeza, y dejé libres mis oidos y mi corazón para poder escucharte.
Te sentí removerte en el asiento, creo que sabías que yo estaba allí, pero por mucho que mirases por la ventana no me encontrarías jamás.
Gracias a Dios soy compacta.
Te abracé a través de la pared, y besé mil veces tus mejillas, pasé un dedo helado por tu nariz (y me tardé un tanto en terminarde recorrerla del entrecejo a la punta), y te miré a los ojos. Seguían tan oscuros como siempre, pero no me mirabas a mí, sino a través de mi nuca.
Respiré sobre tu clavícula; mi mente me hizo el favor de traer hasta mi el recuerdo de tu loción, bueno, solo de una de ellas. Te recuerdo mínimo tres aromas distintos, pero a través de todos ellos siempre estuvo tu propio pefume, y también lo tuve para mi.
Todo cesó de pronto, las luces de mis ojos se apagaron, te habías marchado, te despegaste de la pared, seguramente para salir por la puerta principal.
Giré la cabeza llena de pánico, el cabello lleno de escarcha se adhirió a mis mejillas. Me puse en pie y caminé hacia atrás del estblecimiento, no había más construcciones alrededor, solo esa pequeña casita de madera.
Tenía miedo.
Caminé cada vez más rápido con la imagen de tu cabello negro y tu flequillo largo enmarcando tu nariz y la expresión de ingenuidad que jamás podrás borrar de tu rostro, misma que siempre me impidió mirarte a ratos como la bestia que te empeñas en demostrar ser.
Yo maldije tu nombre cada tarde que me vi en soledad, pero cada noche he rezado como una condenada en su última madrugada; he rezado por ti, por tu felicidad, por que tu alma vuelva a ser tuya algún dia, y por que el Universo en su infinita grandeza te aleje de aquel demonio que te hizo perderte, y que te hizo creer que cada puerta puede ser una celda, quien te puso esos ojos lo pagará caro.
Y mis lágrimas cayeron en la nieve y tiñeron de rojo la campanilla que más tarde se abrió paso entre el hielo y asomó su campana al sol de las tardes de invierno.
Si oscurecía no lo noté, todo tenía "el tinte azul de los sueños", para variar.
Entonces te ví encogerte a lo lejos y comenzar la cacería, corriste hacia mí gritándome con ternura, casi con verdadera desesperación y alegría; como con aquella persona querida que vuelve de un largo viaje al extranjero, y sin quien te habías estado sintiendo más vacío que un pez de colores en un pantano.
No pude evitarlo, es natural, no necesito explicarme ni disculparme. Corrí hacia tí llorando de felicidad, tragándome el aire a kilolitros y cubriéndome por entero de blanco al partir por la mitad las dunas de nieve con las piernas. Me sentía disolver en el frío y por un momento el cielo, la nieve, el aire y yo éramos una sola cosa.
¡Parecías de verdad tan contento de verme!
Pero de pronto recordé las promesas que me hice a mi mima, mismas que ahora reconozco muy por encima de cualquier voto pronunciado para y por ti.
Tomé conciencia de que cuando llegara a tu lado me arrancarías el alma de un trozo. Te ví, con tus ojos negros como lentes de microscopio sin diafragma; vi tu figura esbelta cerca, muy cerca, demasiado cerca, intolerablemente cerca, por que mis piernas no se detenían. Pero entonces, movida por el instinto giré, y lo hice tan bruscamente que a poco estuve de hacerme un sepulcro entre el blanco, de tan enterrada en la nieve después del remolino que provoqué con los pies.
Corrí apretando los ojos para no mirar en qué direccion, desee ser menos que humo y no me detuve a ver si me seguías, ni a escuchar si me llamabas. Solo me alejé de allí con el rostro del ente nublándome el pensamiento, el ente cuyo cuerpo está compuesto de varios rostros y cuerpos femeninos, sólo rostros, sin alma ni esencia.
Tú buscaste al ente para llenarte el vacío.
Pobre de ti, podría decir lo mismo de mi, pero ya no más.
Y afuera la ciudad comienza a respirar, y la nieve tiene urdimbre.
------
Sólo estabamos él y yo sentados en cualquier banca de cualquier parque.
No había viento y el sol parecía tener una pantalla polarizada. No se escuchaba ni el ruido de la ciudad, ni el bullicio de los oasis parquecinos donde los árboles contienen a duras penas las emisiones de smogg y te hacen creer que el mundo gris de allá afuera está bastante lejos.
Todo se veía tan falso que parecía un escenario virtual.
Yo traía puesto el vestido color crema con flores con el que mi madre me arrullaba cuando era pequeñita.
Mi niño tenía los ojos claros, los labios llenos, una nariz larga y redonda en la punta, el pelito negro y cejitas de arco.
De pronto vi a la pareja caminar hacia nosotros por el corredor, lo reconocí a él y sabía quién era ella para él, y entonces supe que todo terminaría para mi.
Él me saludó con indiferencia y preguntó por el niño.
No le dije nada ¿Qué mas daba ya?
Él la tenía a ella y era feliz, en cambio yo iba a salir sobrando como siempre y a cada rato.
Lo miré entonces, y utilicé mis ojos como un pánel y escribí en ellos, esperando que supiera adivinar.
Cuando el hombre preguntó su nombre al niño ya no le quedó ninguna duda.
Mis ojos ya estaban inundados.
-Pero ya no importa, - le dije- porque lo tengo a él que tiene la misma forma de tus ojos, tu boca, tu sonrisa. Y tu sangre que ahora me amará para siempre.
El niño miró a su padre y sonrió.
Yo no podía contener el llanto, hasta que me encontré atragantándome con una de las esquinas de la funda de la almohada.
Ahora traigo ojeras y el alma pesada.
____
Pero nadie lo sabe. ¿ok?
La majestuosa esfinge que me visitó alguna vez en mis sueños será la custodia de nuestro pequeño pedacito de existencia.
Ella llegó hace mucho, yo no tenía entonces conciencia.
Esfinge, ¿dónde estás? ¿Cuándo volverás a hablarme?
Me ofreciste tu amistad antes de desaparecer tras el telón de ese teatro, era un sueño del que no podía despertar.
El laberinto de butacas y fragmentos de techo me obstruían el paso a la salida. La tierra temblaba furiosa y tú sólo reías, amiga esfinge.
¿Que hacías tú en lugar de la pantalla?
Corrí por muchos pasillos oscuros, con cortinas rojas a medio romper.
Afuera todo era un dibujo. Una guerra, tanques acorazados lanzando cañonazos hacia edificios a medio colorear.
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No recuerdo cómo lo supe, pero lo supe. Te vi de lejos.
Mis manos tocaron la madera del establecimiento y me asomé por la ventana.
Dentro se encontraban personas adormiladas a causa de una suave música y el sonido de la vajilla chocando contra las piezas de metal, charlando supongo, aunque la imagen estaba congelada.
Manos con las copas llenas, brindando; sonrisas fingidas, coquetas, bobas, espeluznantes, sarcásticas, a la moda, y anticuadas. Coctail de dientes, encías, labios y lenguas.
"Spliiiiit, blop, blop, blop, glup!"Líquidos chocando en las paredes de cristal yla medialuz.
¿Y tú?
Nada, fuera de mi alcance, pero no iba a rendirme; repito: yo supe que te encontraría allí. Te sentía demasiado cerca para dar media vuelta y marcharme.
Despegué primero un ojo y luego el otro y alejé la nariz del vaho que se había quedado pegosteado en el vidrio de la ventana, di la vuelta en la esquina y me paré frente a otra ventana, una que tenía cortinas blancas.
Me puse de rodillas, no me importó sentir la nieve cortando la piel o arrancando quejidos a un conjunto de huesos quisquillosos que hacía unos cuantos años acababan de ser puestos en fila por la fuerza.
Recé para que no vieras el par de ojos vidriosos que escudriñaban el techo, las paredes, las mesas y quemaba con la mirada los cuadros surrealistas que reposaban en alto, tras los clientes. Te busqué con frenesí y te encontré bajo un árbol amarillo.
No me viste, tenías la cabeza gacha, los dedos entrecruzados con las palmas hacia arriba y los antebrazos sobre las rodillas. Arqueabas las cejas pero no quise mirar si estabas con alguien.
Corrí hacia la sección de la madera fuera del local donde reposabas tu espalda, apoyé en la superficie áspera mi cabeza, y dejé libres mis oidos y mi corazón para poder escucharte.
Te sentí removerte en el asiento, creo que sabías que yo estaba allí, pero por mucho que mirases por la ventana no me encontrarías jamás.
Gracias a Dios soy compacta.
Te abracé a través de la pared, y besé mil veces tus mejillas, pasé un dedo helado por tu nariz (y me tardé un tanto en terminarde recorrerla del entrecejo a la punta), y te miré a los ojos. Seguían tan oscuros como siempre, pero no me mirabas a mí, sino a través de mi nuca.
Respiré sobre tu clavícula; mi mente me hizo el favor de traer hasta mi el recuerdo de tu loción, bueno, solo de una de ellas. Te recuerdo mínimo tres aromas distintos, pero a través de todos ellos siempre estuvo tu propio pefume, y también lo tuve para mi.
Todo cesó de pronto, las luces de mis ojos se apagaron, te habías marchado, te despegaste de la pared, seguramente para salir por la puerta principal.
Giré la cabeza llena de pánico, el cabello lleno de escarcha se adhirió a mis mejillas. Me puse en pie y caminé hacia atrás del estblecimiento, no había más construcciones alrededor, solo esa pequeña casita de madera.
Tenía miedo.
Caminé cada vez más rápido con la imagen de tu cabello negro y tu flequillo largo enmarcando tu nariz y la expresión de ingenuidad que jamás podrás borrar de tu rostro, misma que siempre me impidió mirarte a ratos como la bestia que te empeñas en demostrar ser.
Yo maldije tu nombre cada tarde que me vi en soledad, pero cada noche he rezado como una condenada en su última madrugada; he rezado por ti, por tu felicidad, por que tu alma vuelva a ser tuya algún dia, y por que el Universo en su infinita grandeza te aleje de aquel demonio que te hizo perderte, y que te hizo creer que cada puerta puede ser una celda, quien te puso esos ojos lo pagará caro.
Y mis lágrimas cayeron en la nieve y tiñeron de rojo la campanilla que más tarde se abrió paso entre el hielo y asomó su campana al sol de las tardes de invierno.
Si oscurecía no lo noté, todo tenía "el tinte azul de los sueños", para variar.
Entonces te ví encogerte a lo lejos y comenzar la cacería, corriste hacia mí gritándome con ternura, casi con verdadera desesperación y alegría; como con aquella persona querida que vuelve de un largo viaje al extranjero, y sin quien te habías estado sintiendo más vacío que un pez de colores en un pantano.
No pude evitarlo, es natural, no necesito explicarme ni disculparme. Corrí hacia tí llorando de felicidad, tragándome el aire a kilolitros y cubriéndome por entero de blanco al partir por la mitad las dunas de nieve con las piernas. Me sentía disolver en el frío y por un momento el cielo, la nieve, el aire y yo éramos una sola cosa.
¡Parecías de verdad tan contento de verme!
Pero de pronto recordé las promesas que me hice a mi mima, mismas que ahora reconozco muy por encima de cualquier voto pronunciado para y por ti.
Tomé conciencia de que cuando llegara a tu lado me arrancarías el alma de un trozo. Te ví, con tus ojos negros como lentes de microscopio sin diafragma; vi tu figura esbelta cerca, muy cerca, demasiado cerca, intolerablemente cerca, por que mis piernas no se detenían. Pero entonces, movida por el instinto giré, y lo hice tan bruscamente que a poco estuve de hacerme un sepulcro entre el blanco, de tan enterrada en la nieve después del remolino que provoqué con los pies.
Corrí apretando los ojos para no mirar en qué direccion, desee ser menos que humo y no me detuve a ver si me seguías, ni a escuchar si me llamabas. Solo me alejé de allí con el rostro del ente nublándome el pensamiento, el ente cuyo cuerpo está compuesto de varios rostros y cuerpos femeninos, sólo rostros, sin alma ni esencia.
Tú buscaste al ente para llenarte el vacío.
Pobre de ti, podría decir lo mismo de mi, pero ya no más.
Y afuera la ciudad comienza a respirar, y la nieve tiene urdimbre.
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Sólo estabamos él y yo sentados en cualquier banca de cualquier parque.
No había viento y el sol parecía tener una pantalla polarizada. No se escuchaba ni el ruido de la ciudad, ni el bullicio de los oasis parquecinos donde los árboles contienen a duras penas las emisiones de smogg y te hacen creer que el mundo gris de allá afuera está bastante lejos.
Todo se veía tan falso que parecía un escenario virtual.
Yo traía puesto el vestido color crema con flores con el que mi madre me arrullaba cuando era pequeñita.
Mi niño tenía los ojos claros, los labios llenos, una nariz larga y redonda en la punta, el pelito negro y cejitas de arco.
De pronto vi a la pareja caminar hacia nosotros por el corredor, lo reconocí a él y sabía quién era ella para él, y entonces supe que todo terminaría para mi.
Él me saludó con indiferencia y preguntó por el niño.
No le dije nada ¿Qué mas daba ya?
Él la tenía a ella y era feliz, en cambio yo iba a salir sobrando como siempre y a cada rato.
Lo miré entonces, y utilicé mis ojos como un pánel y escribí en ellos, esperando que supiera adivinar.
Cuando el hombre preguntó su nombre al niño ya no le quedó ninguna duda.
Mis ojos ya estaban inundados.
-Pero ya no importa, - le dije- porque lo tengo a él que tiene la misma forma de tus ojos, tu boca, tu sonrisa. Y tu sangre que ahora me amará para siempre.
El niño miró a su padre y sonrió.
Yo no podía contener el llanto, hasta que me encontré atragantándome con una de las esquinas de la funda de la almohada.
Ahora traigo ojeras y el alma pesada.
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Dream On!
<<¿Quién serás esta noche en el oscuro
sueño, del otro lado de su muro?>>
Jorge Luis Borges
Un sueño es una ambivalencia abastracta de lo que tememos y deseamos, representado por imágenes de nuestras vivencias diarias.
En los sueños tienes oportunidad de realizar tus más íntimos deseos, de enfrentarte a tus peores miedos y de construir tu propio mundo. Esta variedad de posibilidades los hace impredecibles, me he ido a dormir muy triste y sueño cosas lindas, o viceversa.
Mi sueño suele ser interrumpido muy fácilmente, con que abran la puerta, prendan la luz (o la apaguen) o hagan cualquier ruido pequeño me despierto. Es curioso; puedo dormir con música, y de hecho, he llegado a pensar que influye directamente en lo que sueñas.
La vida es demasiado cruda como para aceptarla así, al menos en el sueño siempre encontraremos consuelo, porque en los sueños puedes volver a besar a aquella novia, o cumplir tu deseo secreto, o ganar el mundial de waterpolo; lo que sea puede suceder en un sueño.
Algo que nunca he acabado de comprender es eso de los sueños lúcidos, ¿realmente es posible controlar conscientemente tu sueño? En ese caso debo aprender, así podré ir a ver a Charlotte Gainsbourg y ser novio de Emma Watson.
El sueño nos consume, a veces no queremos otra cosa que dormir. Otras veces, nuestras preocupaciones nos roban el sueño; nos absorben.
En sueños, siempre en sueños, supongo que así es como tendré que resignarme a seguir besándote...
¿Por qué abrí la puerta?
Escuché el timbre y me asomé por la ventana, era la señora de la limpieza, había llegado temprano, apenas estaba amaneciendo; como por alguna extraña razón no había nadie más en casa, le abrí la puerta.
Se veía un poco pálida, casi gris, casi verde, ojerosa y torpe. Holy mother of giant pumpkins! era un maldito zombie!
Me paniqueé y corrí al cuarto de mi hermano, me encerré; buscaba algo con lo que pudiera matarla, una pistola, una daga, lo que fuera.
Lo mejor que encontré fue una silla, una silla de metal. "Meh, eso ha de funcionar" pensé.
Salí de la habitación, tratando de ser silenciosa y estar alerta, camine por el estudio, por la sala, siempre cargando la pesadísima silla. Entré a la cocina, y ahí estaba mi madre, recargada en la pared y con la mirada perdida; solté la silla y corrí hacia ella -"Madre ¿Qué sucede? ¿Estás bien? Tenemos que correr, hay un zombie aquí" le dije. Segundos después noté que tenía un cuchillo en su mano derecha, se puso detrás de mi, y abrazándome desde atrás puso el cuchillo en mi garganta.
-"Hija, no vale la pena vivir, no vale la pena seguir en este mundo, no vale la pena, suicídate conmigo, vamos, estaremos bien."
Sudando miedo grité, gritaba, lloraba, le suplicaba que no me matara, pero ella no escuchaba, seguía repitiendo las mismas palabras.
Después no recuerdo qué pasó, fue como si me hubiera desmayado, sólo recuerdo haber visto mi foto zombie, la que yo misma photoshopeé, la vi desde lejos, y me asusté.
[El relato anterior fue un sueño que mi mente debrayante produjo][Carajo, esto de los zombies se convierte en una obsesión]
¿Quién no ha tenido sueños así o hasta más raros?
Sueños donde volamos, saltamos, morimos, gritamos, huimos de un señor raro, tenemos sexo con sillas, no podemos correr rápido, nos volvemos azules, nos convertimos en moscas y esas cosas raras que sólo pasan cuando soñamos, pero aún así, dentro del mismo sueño juramos que es verdad.
He de admitir que sí, me gusta soñar, pero me parece ligeramente estúpido eso de "Descubrir tu futuro a través de los sueños" ¡Por Dios! ¿Por qué diablos un sueño te diría lo que te va a pasar mañana?
Eso ya suena a libro de autoayuda y optimismo, bah.
Creo que los sueños son sólo una revelación de tu subconsciente o tal vez sólo son nada, un buen entretenimiento para ti mismo en las noches y para que tengas algo bueno que contar al despertar.
Se veía un poco pálida, casi gris, casi verde, ojerosa y torpe. Holy mother of giant pumpkins! era un maldito zombie!
Me paniqueé y corrí al cuarto de mi hermano, me encerré; buscaba algo con lo que pudiera matarla, una pistola, una daga, lo que fuera.
Lo mejor que encontré fue una silla, una silla de metal. "Meh, eso ha de funcionar" pensé.
Salí de la habitación, tratando de ser silenciosa y estar alerta, camine por el estudio, por la sala, siempre cargando la pesadísima silla. Entré a la cocina, y ahí estaba mi madre, recargada en la pared y con la mirada perdida; solté la silla y corrí hacia ella -"Madre ¿Qué sucede? ¿Estás bien? Tenemos que correr, hay un zombie aquí" le dije. Segundos después noté que tenía un cuchillo en su mano derecha, se puso detrás de mi, y abrazándome desde atrás puso el cuchillo en mi garganta.
-"Hija, no vale la pena vivir, no vale la pena seguir en este mundo, no vale la pena, suicídate conmigo, vamos, estaremos bien."
Sudando miedo grité, gritaba, lloraba, le suplicaba que no me matara, pero ella no escuchaba, seguía repitiendo las mismas palabras.
Después no recuerdo qué pasó, fue como si me hubiera desmayado, sólo recuerdo haber visto mi foto zombie, la que yo misma photoshopeé, la vi desde lejos, y me asusté.
[El relato anterior fue un sueño que mi mente debrayante produjo][Carajo, esto de los zombies se convierte en una obsesión]
¿Quién no ha tenido sueños así o hasta más raros?
Sueños donde volamos, saltamos, morimos, gritamos, huimos de un señor raro, tenemos sexo con sillas, no podemos correr rápido, nos volvemos azules, nos convertimos en moscas y esas cosas raras que sólo pasan cuando soñamos, pero aún así, dentro del mismo sueño juramos que es verdad.
He de admitir que sí, me gusta soñar, pero me parece ligeramente estúpido eso de "Descubrir tu futuro a través de los sueños" ¡Por Dios! ¿Por qué diablos un sueño te diría lo que te va a pasar mañana?
Eso ya suena a libro de autoayuda y optimismo, bah.
Creo que los sueños son sólo una revelación de tu subconsciente o tal vez sólo son nada, un buen entretenimiento para ti mismo en las noches y para que tengas algo bueno que contar al despertar.
Querida Lucía:
Publicado por
MoninMo
on viernes, 19 de noviembre de 2010
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Etiquetas:
Monin,
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Comments: (3)
...
Hola!
No sé si tú podrás creerme lo que acaba de pasarme Lucía.
Me dormí ayer, y desperté hoy y parece que en una noche evolucioné hasta convertirme en una especie de alienígena bípeda, pluricelular, sistemática y todo lo demás.
Caminé hacia la escuela, como todos los días, buscando las miradas de las personas, pero parece que a las personas se les perdieron las miradas y las narices, y el resto de la cara en la pantalla de los celulares.
Miré mis bolsillos, y recordé que estaban vacíos salvo por el billete de veinte pesos con el que pensaba comprar el pasaje de regreso.
Hace tres días me asaltaron y me quitaron el celular, estoy incomunicado.
Te escribo esta carta porque tampoco tengo línea telefónica, (y tampoco internet, por consiguiente) espero que a ti no te moleste.
Es que déjame terminar de contarte:
Llegué a la escuela y busqué la cara de Luis Ángel, lo encontré pronto, estaba sentado en el rincón más alejado, opuesto al escritorio. Me acerqué a él pero no quiso mirarme, tenía la laptop sobre las rodillas y se reía en silencio. Pensé que estaba muy ocupado, y estaba dispuesto a retirarme de allí cuando sentí dos pinchazos en el hombro, me volví pronto para ver quién me llamaba pero no alcancé a ver a nadie, de inmediato sentí el impacto de una palma sobre mi pómulo derecho, el golpe me hizo girarme.
Cuando me recuperé de la impresión, volví a mirar.
¡Era Alejandra!, me había golpeado y se veía realmente furiosa conmigo.
Le pregunté la razón pero no quiso contestarme, era como si no diera crédito a mi pregunta. La acompañaba Carlina, que viendo mi cara de pasmado se acercó con gesto severo y me dijo: "¿Por qué le hiciste eso a Ale?"
Le dije la verdad: no recordaba haberle hecho nada. Y se lo juré.
Entonces Carolina sacó un papelito arrugado de su bolsa, y me lo entregó. Lo reconocí en seguida, era un dibujo de un gatito con las palabras "Ten un buen fin de semana Ale, te quiero amiga".
Yo seguía sin entender.
Seguí mirando a Carolina, pero ésta creyó que estaba burlándome y también se marchó, diciéndome por último que era "un fresco".
Corrí entonces a ver a Silvia, mi novia ¿recuerdas?, hoy es su cumpleaños.
Le compré un gran ramo de Astromelias y le escribí una tarjeta, fui a verla a su casa.
No quiero hacerte el cuento largo.
Silvia no quiso verme, me dijo Paco (su hermano) que estaba encerrada en su cuarto llorando y que había dejado dicho que no quería ver a nadie.
Yo me llevo bien con él así que le pedí de favor que me dijera si algo malo le había sucedido a ella, y él me dijo.
"Pues mira, yo no sé qué le habrás hecho, pero dice que no quiere verte, que te olvidaste de una fecha tan importante para ella, dice que siente que ya no la quieres, que nunca le pones atención. ¿Es cierto eso?
¡Pero Lucía! ¿Cómo va a ser eso cierto si a diario le hago un dibujo diferente, y lo dejo escondido entre sus cosas?
La llamo por teléfono, voy a verla por lo menos dos veces por semana.
No podía creerlo, de verdad que no podía.
Le dejé las flores y la tarjeta a Paco, y me dirigía hacia la puerta cuando un estruendo me hizo voltear.
Dos gatos hurgaban en los cubos de basura y uno de ellos, al querer saltar al siguiente cubo, se resbaló y golpeó al otro, que saltó y del impulso tiró abajo los cubos, que se destaparon y desparramaron la basura por el suelo del patio de la casa de Silvia. No quise mirar, pero creo que entre todos los desperdicios pude reconocer algunos de mis trazos.
Así que Silvia tiraba mis detalles, como si para ella no valieran nada.
Fui a mi casa y me dormí un rato. Había tenido un día suficientemente malo como para perderme en el sueño con la esperanza de que al despertar todo hubiese terminado.
Pero no fue así.
A las 7 de la noche me despertó el teléfono.
Era ella.
Primero me preguntó como estaba, yo extrañado, le dije que estaba bien. Le pregunté que era lo que le pasaba, y ella me dijo que nada, que sabía que no me importaba.
Se enojó conmigo porque no escribí ni una sola felicitación en ninguna de sus cuentas del hi5, ni del facebook, ni en su dichoso blog.
Nunca me he atrevido a decirle que es pésima escribiendo, por cierto, pero ¿qué importancia tenía todo eso?
Se lo dije, y me dijo que simplemente no lo podía creer.
Y me colgó.
Pensé que ya tenía suficiente adrenalina en las venas para aguantar otra tanda de golpes, así que le llamé a Alejandra para pedirle una explicación.
Me contestó cortante, dije lo que tenía que decirle y ella me dijo que era un ser despreciable, que cómo me atrevía a mandar ofensas escritas así. Eso era una burla.
Si tan sincero era ¿por qué no le dejé un mensaje en el MSN? ¿Por qué no le mandé ya MÏNIMO un mensaje de texto, o al tagged?
Le dije que no sabía que ocurría con el mundo.
¿Por qué todos estaban tan molestos por algo tan estúpido como esas redes sociales?
Solo mi madre me entendió Lucía.
Bueno, después de toda esta letanía.
¿Cómo te va a ti?
Me despido ahora porque tengo que darle de comer a mi perrito, y a jugar con él un rato, se ha sentido muy solo. He visto varias veces al camión de la perrera pasar por aquí, parece que todos están deshaciéndose de sus mascotas. No sé si habrá una epidemia o algo, pero ya van varios perros muertos que tiran en la esquina.
No sé, pero algo me dice que esos pobres animales murieron de abandono.
Parece que ya a nadie le conmueve nada que no tenga, al menos, un par de circuitos.
Te quiere tu amigo.
David.
Hola!
No sé si tú podrás creerme lo que acaba de pasarme Lucía.
Me dormí ayer, y desperté hoy y parece que en una noche evolucioné hasta convertirme en una especie de alienígena bípeda, pluricelular, sistemática y todo lo demás.
Caminé hacia la escuela, como todos los días, buscando las miradas de las personas, pero parece que a las personas se les perdieron las miradas y las narices, y el resto de la cara en la pantalla de los celulares.
Miré mis bolsillos, y recordé que estaban vacíos salvo por el billete de veinte pesos con el que pensaba comprar el pasaje de regreso.
Hace tres días me asaltaron y me quitaron el celular, estoy incomunicado.
Te escribo esta carta porque tampoco tengo línea telefónica, (y tampoco internet, por consiguiente) espero que a ti no te moleste.
Es que déjame terminar de contarte:
Llegué a la escuela y busqué la cara de Luis Ángel, lo encontré pronto, estaba sentado en el rincón más alejado, opuesto al escritorio. Me acerqué a él pero no quiso mirarme, tenía la laptop sobre las rodillas y se reía en silencio. Pensé que estaba muy ocupado, y estaba dispuesto a retirarme de allí cuando sentí dos pinchazos en el hombro, me volví pronto para ver quién me llamaba pero no alcancé a ver a nadie, de inmediato sentí el impacto de una palma sobre mi pómulo derecho, el golpe me hizo girarme.
Cuando me recuperé de la impresión, volví a mirar.
¡Era Alejandra!, me había golpeado y se veía realmente furiosa conmigo.
Le pregunté la razón pero no quiso contestarme, era como si no diera crédito a mi pregunta. La acompañaba Carlina, que viendo mi cara de pasmado se acercó con gesto severo y me dijo: "¿Por qué le hiciste eso a Ale?"
Le dije la verdad: no recordaba haberle hecho nada. Y se lo juré.
Entonces Carolina sacó un papelito arrugado de su bolsa, y me lo entregó. Lo reconocí en seguida, era un dibujo de un gatito con las palabras "Ten un buen fin de semana Ale, te quiero amiga".
Yo seguía sin entender.
Seguí mirando a Carolina, pero ésta creyó que estaba burlándome y también se marchó, diciéndome por último que era "un fresco".
Corrí entonces a ver a Silvia, mi novia ¿recuerdas?, hoy es su cumpleaños.
Le compré un gran ramo de Astromelias y le escribí una tarjeta, fui a verla a su casa.
No quiero hacerte el cuento largo.
Silvia no quiso verme, me dijo Paco (su hermano) que estaba encerrada en su cuarto llorando y que había dejado dicho que no quería ver a nadie.
Yo me llevo bien con él así que le pedí de favor que me dijera si algo malo le había sucedido a ella, y él me dijo.
"Pues mira, yo no sé qué le habrás hecho, pero dice que no quiere verte, que te olvidaste de una fecha tan importante para ella, dice que siente que ya no la quieres, que nunca le pones atención. ¿Es cierto eso?
¡Pero Lucía! ¿Cómo va a ser eso cierto si a diario le hago un dibujo diferente, y lo dejo escondido entre sus cosas?
La llamo por teléfono, voy a verla por lo menos dos veces por semana.
No podía creerlo, de verdad que no podía.
Le dejé las flores y la tarjeta a Paco, y me dirigía hacia la puerta cuando un estruendo me hizo voltear.
Dos gatos hurgaban en los cubos de basura y uno de ellos, al querer saltar al siguiente cubo, se resbaló y golpeó al otro, que saltó y del impulso tiró abajo los cubos, que se destaparon y desparramaron la basura por el suelo del patio de la casa de Silvia. No quise mirar, pero creo que entre todos los desperdicios pude reconocer algunos de mis trazos.
Así que Silvia tiraba mis detalles, como si para ella no valieran nada.
Fui a mi casa y me dormí un rato. Había tenido un día suficientemente malo como para perderme en el sueño con la esperanza de que al despertar todo hubiese terminado.
Pero no fue así.
A las 7 de la noche me despertó el teléfono.
Era ella.
Primero me preguntó como estaba, yo extrañado, le dije que estaba bien. Le pregunté que era lo que le pasaba, y ella me dijo que nada, que sabía que no me importaba.
Se enojó conmigo porque no escribí ni una sola felicitación en ninguna de sus cuentas del hi5, ni del facebook, ni en su dichoso blog.
Nunca me he atrevido a decirle que es pésima escribiendo, por cierto, pero ¿qué importancia tenía todo eso?
Se lo dije, y me dijo que simplemente no lo podía creer.
Y me colgó.
Pensé que ya tenía suficiente adrenalina en las venas para aguantar otra tanda de golpes, así que le llamé a Alejandra para pedirle una explicación.
Me contestó cortante, dije lo que tenía que decirle y ella me dijo que era un ser despreciable, que cómo me atrevía a mandar ofensas escritas así. Eso era una burla.
Si tan sincero era ¿por qué no le dejé un mensaje en el MSN? ¿Por qué no le mandé ya MÏNIMO un mensaje de texto, o al tagged?
Le dije que no sabía que ocurría con el mundo.
¿Por qué todos estaban tan molestos por algo tan estúpido como esas redes sociales?
Solo mi madre me entendió Lucía.
Bueno, después de toda esta letanía.
¿Cómo te va a ti?
Me despido ahora porque tengo que darle de comer a mi perrito, y a jugar con él un rato, se ha sentido muy solo. He visto varias veces al camión de la perrera pasar por aquí, parece que todos están deshaciéndose de sus mascotas. No sé si habrá una epidemia o algo, pero ya van varios perros muertos que tiran en la esquina.
No sé, pero algo me dice que esos pobres animales murieron de abandono.
Parece que ya a nadie le conmueve nada que no tenga, al menos, un par de circuitos.
Te quiere tu amigo.
David.