Sobre comida sospechosa pero supuestamente deliciosa.

Hace algunos días estaba en una plaza, en la zona de comida rápida.
"¿Qué vas a comer?" Me preguntaron mis amigos. Yo recorrí el lugar con la mirada, tratando de encontrar algo digno de ser ingerido.
El 80% de todo eso era carne, pollo y más carne con más pollo lleno de grasa y aderezos condimentados que tapan arterias. Esto fue una dificultad para mí, puesto que yo soy vegetariana y no, no comería carne con pollo y más carne. Sí, ir a comer siempre ha sido ligeramente limitado para mí.


Comer nunca fue una de mis actividades favoritas, pero tenía mucha hambre, por suerte encontré un lugar donde abundaban las ensaladas. Yay.
Al menos encontré algo "sano".


Porque, sí, todos sabemos que la comida rápida es estúpidamente grasosa, tiene ingredientes sospechosos que preferimos no conocer (más si es comida china o algo así), probablemente hasta escupitajos tenga, pero what the hell, seguimos comprándola, porque es barata, rápida y deliciosa (Supongo yo, porque me limito a ensaladas y subways vegetarianos).


Pero sinceramente la comida rápida a pesar de ser un arma mortal, tal vez sí fue un buen invento. 
Imaginemos: Sales con tus amigos/novio(a)/mascota/zombie/familia/amigo imaginario y tienen hambre, mucha hambre, tanta que si no consiguen algo comestible rápido, se comerán la primera silla que encuentren en su camino.


Si entran a un restaurante, tardarán en asignarles una mesa, les darán comida sana después de media hora y tendrán que pagar más de lo que pagarían por comerse una silla.
Es más, ni siquiera tendrían que pagar por comer una silla, así que hasta ahora, es la opción más conveniente.


Pero oh! Alguien inventó la comida rápida, la grasosa, y barata comida.. rápida.
Así que se han salvado, ya no se romperán los dientes comiendo una silla (gratis) ahora podrán pagar por comida rápida.
La silla sigue sonando más convincente ¿no?. Pues por $14.99 más, podrás convertir tu comida insana y rápida en un combo insano y rápido con algún refresco engordante y frituras... fritas.


Ahora sí suena convincente ¿no?
Pues te acaban de robar, pagaste más porque te taparan las arterias de una manera rápida y "deliciosa". Debiste haber ingerido la silla, pero no, te dejaste llevar por una M gigante y luminosa o por un menú con imágenes. 
Pero meh, al menos tu comida grasosa no te deja sin dientes.


¡Que vivan las no-comestibles sillas!

Caballero

Entre las paredes de concreto, concreto y concreto (concreto^3) de la fría y gris ENCB, he perdido totalmente la costumbre de escribir ensayos sobre cualquier tema.
Me parece que éstos mis compatriotas han escrito ya bastante acerca de la Ciudad de México.
Que si tiene defectos, que si es maravillosa, que si es e nido del caos, la sobrepoblación, el metro, el calor, los monumentos, Reforma de Noche, las manifestaciones, el mal gobierno, la historia, los héroes, la tierra, las costumbres, el color, la alegría, las fiestas, los despilfarres, la escasez, la pobreza, los niños de la calle, los limpiaparabrisas, la educación, los noticieros, los ignorantes, las modas, las leyendas (coloniales y urbanas)...
Cada tema necesitaría entradas y entradas enteras y no terminaríamos de agotar las palabras.
Además, no me siento con ganas de debatir, estoy sometida a mucha presión y a punto estoy de explotar de estrés.
Terminaré esta semana relatando un cuento =)
Todas las niñas (o casi todas), a cierta edad, sueño con ser princesas. Y esta malvada idea se les injerta en la cabeza desde los cuentos, aquellos que sus padres les leen antes de dormir, o esos primeros libros a los que tienen acceso en la biblioteca del salón de clases, como los famosos "Libros del Rincón"; cuando han de aprender a leer solas.
Se ven al espejo y miran su cuerpo, sus manos, y suspiran y añoran llegar a ser altas y hermosas. Por supuesto que no se fijan en sus pieles. Porque acostumbradamente, las mujeres con la talla y la hermosura con que sueñan las niñas no tienen empero, la piel de éstas.
Vestir de rosa, maquillarse la cara cuando su madre no las ve, y desgastar el soporte de las zapatillas de tacón de aguja... actividades dedicadas plenamente a la realización de uno de los proyectos más grandes de toda niña: ser una verdadera princesa.
Después, toman un vestido amplio (de preferencia floreado), y un cassette de la repisa lleno de waltzes para girar ensoñadas. Cuando llega el cansancio, cambian de cassette y se ponen a escuchar a Gabilondo Soler para alimentarse los sueños con su voz y sus historias.
Al caer la noche imaginan paseos a caballo al lado de su príncipe caballero, aquél que atrajo su mirada desde el primer momento y que después de un montón de peripecias, una batalla decisiva o una travesía enorme, pudo ganar su corazón y así el derecho de obtener su mano en sagrado matrimonio, para después vivir felices para siempre, sin que lo que sucede después tenga importancia.
Eso lo sabemos todas.
Y claro, nos dejamos llevar por las formas de las viejas princesas europeas que Walt Disney en su afán conquistador nos inyectó en la conciencia, aprovechándose de nuestra inocencia y nuestra increíble capacidad de aprender (entiéndase, absorber como esponjas).
Pero ¿Qué sabemos de los niños?
Yo no lo sé a ciencia cierta, sólo me sé la historia de uno, que no soñaba con ser un príncipe, sino un caballero.
Su infancia también llegó a su fin habiendo seguido el camino correcto: imaginación.
De pequeño aprendió a usar el arco y la flecha y a manejarse de manera excelente con la espada, el escudo y cargando una enorme cota de malla (hecha de toallas y un par de lazos). Y una vez transcurrido aquel periodo doloroso y confuso que es la pubertad, supo que necesitaba aprender a amar la belleza y a respetarla,- pues un verdadero caballero-se decía-deberá ser sensible, culto, fuerte, valiente y todo eso- ¡bendito él que nunca se olvidó de enlistar el "todo eso"!
Le gustaban las revistas de ciencia, y los libros de cuentos, y las novelas.
También le gustaba la historia, en el transcurso de su vida y después de haber manoseado con fervor unas cuantas decenas de libros supo que no había historia más apasionante que la de su México Tenochtitlán.
Pasado el trauma de los príncipes europeos, el chico abandonó las espadas adornadas en una bodega bien segura dentro de su mente, y las sustituyó por cuchillos de obsidiana, "maquahuitles" (una especie de porras grandes de madera con dientes de obsidiana), escudos emplumados y tambores de guerra.
Sabía que le sería difícil encontrar a una verdadera princesa azteca, y más difícil todavía le sería conquistarla, pues él sabía tenía que templarse el espíritu, y poner la causa, y su patria por encima de su vida, y sentir que su sangre pertenecía a la tierra, que ya le llamaba cada día, a cada paso que daba bajo el Sol impetuoso de la plancha del Zócalo.

Los días pasaron, y el chico creció todavía más.
Descubrió que todas las chicas a cierta edad soñaron con llegar a ser verdaderas princesas, y muy pronto se convenció de que ninguna lo había logrado.
Después de varios rechazos y decepciones amorosas decidió que era momento dejar de buscar.
Pero él seguía dispuesto a ser un caballero, así que tomó sus libros de historia y se puso a leer.

Por aquellas fechas se escuchó que los estados de Chihuahua, Y Baja California habían decidido independizarse.
El desempleo y la inseguridad habían terminado con la identidad de la mitad del país. Guiados por el instinto de supervivencia accedieron a deslindarse de este país medio en ruinas, cuasi tercermundista y buscaron amparo con el Vecino del Norte: Los Estados Unidos de Norteamérica.
Desde entonces habían estallado revueltas en diversas partes de la ciudad, a diario amanecían muertos y desaparecían personas.
Los partidos políticos salían a las calles con el revólver en la mano, asesinándose los unos a los otros a plena luz del día, asesinándose entre familias.
Los jóvenes nunca dejaron de quejarse, pero ninguno estaba acostumbrado a hacer nada, hacían falta verdaderos líderes, y hacían falta mexicanos.
Hacía varios años que surgió una "raza" de jóvenes que decidieron abrir los ojos a lo que estaba pasando, que comenzaron a alzar la voz, pero estaban siempre bien separados los unos de los otros, maniatados al fin. Algunos por motivos económicos, otros, por problemas familiares, y otros tantos, rechazados por la nueva horda de primates mediocres, sin estudios y sin trabajo, malinchistas, racistas y valemadristas.
Cada vez resultaba más difícil salir a las calles, finalmente, las escuelas cerraron y solo se permitía a los civiles salir a determinadas horas, con un puñado de soldados armados hasta los dientes apostados en cada esquina.
Los servicios de luz, agua, gas, habían colapsado.
Solo las empresas extranjeras seguían trabajando. La Ciudad de México parecía estarse hundiendo.
Se sentía más que nunca el peso de la gran ciudad sobre los mantos acuíferos. Podía percibirse en el ambiente que tarde o temprano todos se irían hasta el fondo.

-Caballero, aquí tienes tu princesa, es la patria que clama auxilio. Es ella quien te pide que la salves, se dijo.

Salió de su casa, con los gritos de su madre golpeándole la espalda.

-No te tardes.

El niño que una vez soñó con ser caballero caminaba sin rumbo, por el frente de Bellas Artes, cuando un estruendo acompañado de una nube de humo blanco y gritos desesperados le obligaron a soltar el libro y correr para alejarse lo más posible de la masa de gente que se aproximaba corriendo enloquecida de todas direcciones.
Enmedio de la confusión se encontró con varios compañeros suyos, de la misma institución donde estudiaba.
Pronto se encontraron llegando al Hemiciclo.

-¿Qué sucedió?- preguntó al chico que intentaba, casi en vano, recuperar la respiración junto a él.
-¿Que no sabes?- han volado la Cámara de Diputados, esto es la guerra- dijo entre jadeos desesperados.
Otro chico se acercó.
-Tiraste tu libro, hermano.
-Gracias, ¿y ahora qué?
Ahora nos queda decidir. Muchas colonias están incomunicadas, el metro ha sido tomado y los Cero Emisiones entraron en paro.
No se de dónde salió tanta gente tan de repente.
Yo solo estaba esperando, ya no nos damos abasto con tantas manifestaciones, con el desempleo, con todo lo que tú ya sabes y que es inútil mencionar ahora, porque ahora ya no nos queda nada. Nos unimos y morimos, o morimos con los brazos cruzados.

Se ha alzado un Hidalgo enmedio del pueblo, tiene apenas 30 años, es narcotraficante, pero el pueblo lo sigue.
EL ejército está por todos lados. Ahora mismo piensen que ya no tienen más familia que aquellos hermanos que estén a menos de 5 metros de distancia.

--Caballeros, aquí está su princesa, es la patria que clama auxilio. Es ella quien pide a gritos que la salven.

La Ciudad De Los Corazones Rotos

No nos une el amor; sino el espanto
Será por eso que la quiero tanto
Borges en "Fervor de Buenos Aires"

La Ciudad de México y sus millones de habitantes mantienen una relación especial; todo el mundo se queja de ella, pero nadie se va, debe ser por algo.

Desde la fastuosa ciudad prehispánica hasta la desgastada metrópoli actual. La Ciudad ha sufrido cambios enormes, pero ha conservado la misma esencia. El mismo sentido de pertenencia que hace que tantos chilangos nos sintamos tan orgullosos de nuestro lugar de procedencia.

Su clima ejemplar, su oferta gastrnonómica, su (relativamente) barato estilo de vida y la calidez de su gente han contribuido a la imágen que tiene el provinciano sobre la Ciudad de México, pero todos los chilangos somos raza aparte.

No me imagino viviendo en ninguna otra parte, lugares como Coyoacán, la Condesa, Zona Rosa, Polanco, San Angel, la Roma y otras colonias hacen de la nuestra una ciudad de inagotable interés.

Porque, como dice el dicho, "Fuera de México, Todo es Cuautitlán"

Si, usé un verso de un argentino para iniciar mi artículo sobre el DF, ¿Y?

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

If you make it here...

Hace unos cuantos días, cuando Solennon me abordó por MSN para decirme que el tema de la semana iba a ser "Ciudad de México", yo pensé que todo pintaba bien.
Digo, hubiera preferido escribir sobre Nueva York, o Londres, o Arequipa, o Panamá, o alguna otra ciudad primermundista que me permitiera desempolvar mis capacidades wikipedescas que han quedado un poco oxidadas desde que dejé de ir a la escuela...

Con la ciudad de México, en cambio, yo puedo hablar de la experiencia propia, en lugar de copiar el texto íntegro de alguna página de internet.
Y es que durante toda mi vida, he tenido la suerte/desgracia de estar atrapado en esta ciudad.

Obviamente amo quejarme de todas sus cosas malas (en especial del idiota de Marcelo, que le está dando en la madre a la mejor colonia de la apestosa urbe), pero a fin de cuentas, soy un chilango hecho y derecho.

Alimentarme de tacos al pastor mientras respiro el fresco aire grisáceo y pesado, ha hecho que a lo largo de los años yo haya podido generar un sistema inmunológico envidiable para todos los otros pueblos del planeta (excepto para los pinches chinos culeros)

Torear coches en vías de alta velocidad, padecer de los temblores imaginarios provocados por los camiones de doble semi-remolque, y andar por las calles cuidando mis espaldas de los múltiples rateros; han hecho que yo genere unos reflejos comparables con los de un ninja.
Sólo que soy un ninja capaz de sobrevivir en las condiciones más piteras posibles.

Una vida entera de sobrellevar las condiciones de una ciudad tremendamente poblada, clasicista y ruidosa; me ha convertido en mejor persona.


Es por eso que ahora ya no podría irme de aquí.
Una vez que vives en el D.F. por un largo número de años, te vuelves alérgico a la provincia.

Después de vivir aquí, ¿quién querría irse a algún apestoso pueblo platanero?
Seamos realistas, por más que nos digan que existen ciudades "grandes" en provincia, como Querétaro o Guadalajara; los que hemos estado en la ciudad de México por un largo rato, sabemos que sólo el D.F. puede considerarse "ciudad"
Todo lo demás va desde "pueblucho" hasta "pueblote"

No es que yo sea discriminatorio, pero cada vez que voy a provincia, me pregunto cuánto tiempo va a pasar antes de que alguien me pida ordeñar una cabra.
Claro, ellos están muy orgullosos con sus 2 cines, y su Oxxo recién inaugurado; pero después de haber nacido y crecido como chilango, uno espera mucho más.

Creo que eso es lo triste del asunto...
Tal vez tenga un estómago sumamente resistente, unos pulmones de acero, unos oídos envidiables, y una cartera inmune a los asaltos; pero mi capacidad de sorprenderme con la llegada del primer Starbucks a una "ciudad", ha desaparecido completamente.

Títulos que no tienen nada que ver con el post.

Melón.
La palabra perfecta para describir a la Ciudad de México, porque... en la Ciudad de México venden melones.


No, ya en serio ¿Qué diablos es la ciudad de México? Podría decir que depende del cristal con que se mire, que puede ser delincuencia y cultura a la vez, colores y festividades, desempleo y guajolotas; pero entonces terminaría haciendo un post aburrido, largo y tedioso, porque todo eso está choteadísimo, ya lo sabemos y sí.. sería aburrido.


Pero en realidad México es como cualquier otra ciudad si lo vemos fríamente, sólo que lo que la cambia es la gente, porque es típico de ésta ciudad eso de los puestos en cada esquina, el estúpido, estúpido tráfico, mentadas de madre con el claxon, que te chiflen en la calle, y oh sí, los asaltos. 


Creo que a todos nos choca no poder comprar ni un buen carro por el hecho de que a las 2 semanas te lo van a robar o probablemente te secuestren, bah, creo que le ponemos demasiado fácil a las personas conseguir nuestra información, sí, los mexicanos somos algo estúpidos.


No sirve de nada decir que es una de las ciudades más pobladas del mundo y eso, porque más que nada es notorio y estresante, además de que cada vez se llena más de chinos, japoneses y esas razas extraterrestres que nos invaden (sin ofender). En serio, es realmente estresante que esté tan llena de gente estúpida, con el metro repleto de personas que se comportan como animales. ¿En serio? ¿Estás empujando a la señora de adelante a ver si entre toda la gente tu también puedes pasar al vagón del metro? Espera a ver si al siguiente te dejan pasar, idiota. Pero oh, soy primero yo, luego yo y después yo. No vas a dejar pasar a nadie y nadie te va a dejar pasar, porque somos demasiado ególatras como para pensar un poquito. 


Además de ególatras, hipócritas, siendo de la ciudad de México cuando nos conviene.
"Si, yo estoy en la ciudad, la civilización, el lugar donde todo pasa, no cambiaría esto por nada"
"La ciudad de México apesta, aquí nunca pasa nada, es sumamente aburrida"
"Las personas más hábiles salen de la ciudad de México"
"De la ciudad de México sale puro delincuente"


Bah, estúpidos e hipócritas, pero bueno, ni que hacer supongo; como dirá la gente resignada "Aquí nos tocó vivir"
Nada de esto tuvo sentido, porque esto es todo y nada.


...Y entonces todos murieron.